Eran los primeros años de la parroquia como tal, había mucho camino por recorrer, el barrio estaba lleno de jóvenes y los grupos parroquiales acogían a muchos de ellos.
Surge la iniciativa de crear un coro, cosa que parece fácil, pero si se desea hacerlo bien tiene su tiempo y dedicación.
El 14 de septiembre de 1986 era domingo, en el salón de mayor tamaño de la parroquia nos reuníamos para llevar a cabo de forma oficial, la presentación de este grupo de jóvenes entusiastas que, bajo la dirección musical de Francisco Porriño, 18 años, se ponía en marcha.
Actualmente el coro de aquellos tiempos ya no existe, pero ello no quita para recordar cada una de las actividades que se llevaron a cabo, que no fueron pocas y, todas ellas de mucha valia en todos los sentidos.
Este 40º aniversario hemos querido celebrarlo emitiendo a través de Correos un sello de curso legal, sello que hoy presentamos de la mano de los personajes que formaban el logo del grupo. En el sello vemos la imagen de Alberto Amador “Beto” que este año, en el mes de enero, nos dejaba a los 55 años de edad después de una larga enfermedad. Sello que dedicamos con mucho cariño a todos los que un día formaron parte de este apasionante coro, siendo decenas de chicas y chicos los que pertenecieron a los largo de los años que estuvo activo, al mismo tiempo, recordamos con mucho cariño a Beto, quien también formó parte del mismo de forma muy comprometida.
José Cortés
Un breve comentario en este 14 de septiembre de 2026.
Si echo la vista atrás y me sitúo en 1986, descubro que si quisiera realizar hoy en día algo parecido sería prácticamente imposible, hemos cambiado tanto que aquellas actividades realizadas desde el puro deseo de educar en la fe y la misma vida cotidiana con los jóvenes, eso es ahora muy complejo.
No hemos evolucionado para bien, todo lo contrario, sí, muchas tecnologías, muchos medios para comunicarnos, pero la pobreza interior es inmensa y, cuando el interior es así los frutos van de la misma mano.
Hoy, 40 años después, celebro con gozo todo aquello que se llevó a cabo con tanto y tanto cariño, ese mismo cariño que fue el motor del esfuerzo que se puso en cada una de las actividades llevadas a cabo, todo ello alimentado desde la fe en Jesús de Nazaret, Maestro y Señor de la Vida.





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