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diciembre 13, 2012

Crecer en un orfanato.


Marianela creció en un orfanato en Brasil. Su madre bebía de más y su padre, aunque nunca la llegó a violar, la maltrataba. El indicio de que llegaría el momento en el que no sabría cuándo parar se le hizo claro a Marianela a medida que pasaba el tiempo.
“Creo que no fue que decidí irme... es que no quedaba de otra”, “Un día mis papás tuvieron una de esas discusiones clásicas, un vecino llamó a la Policía y creo que los moretones que yo tenía pusieron tan clara la historia que ni siquiera me preguntaron nada. Yo tenía 10 años cuando me llevaron al orfanato”.
“Me pasó exactamente lo mismo que en las películas, era demasiado grande como para que a alguien le interesara adoptarme”. Por eso, explica “tomé la misma actitud: fui violenta y, según yo, rebelde. Cuando cumplí 18 dejé de hacerme la fuerte. Ya era el mundo real”.
“Tuve la suerte de que una de las psicólogas que trabajaba en el orfanato me había agarrado cariño”, comenta, y, por un segundo, su mirada se pierde en el recuerdo. “Me ayudó a poner los pies en la tierra: logramos conseguirme mi primer trabajo y de allí en adelante las cosas fueron mejorando”.
“Pueden decir lo que quieran: que en los orfanatos maltratan a los niños, que no hay suficiente comida, que están siempre sucios”, explica Marianela.
Y algunas de esas cosas, dice, “son ciertas. Pero no lo cambiaría por nada: se que la vida que tengo ahora se la debo a ese lugar: si no hubiera llegado allí, no sé dónde hubiera ido a parar”.

Efectos psicológicos de vivir en orfanatos “Crecer en una institución, como un orfanato, significa un factor de riesgo para un niño”, explica el psicólogo clínico Isaías Madrid, “pero muchas veces se convierte en la única protección que tienen estos niños que fueron abandonados y/o abusados”.

Hay cuatro tipos de abusos que son comunes en los niños que viven en estas instituciones: físico, sexual, psicológico o por negligencia, y los vestigios que estos dejan sobre ellos ocasionan, en muchos casos, que desarrollen personalidades agresivas.
Madrid explica que, al crecer en un orfanato, muchos niños “pueden ver que su mundo está en amenaza, que son constantemente agredidos y configuran la idea de que la vida, él y los demás no valen nada”. Vivir con tales nociones, indica el psicólogo, “les lleva a tornarse hostiles y ofensivos ante los demás”.
“Pueden estar expuestos a niños con diferentes tipos de salud mental, incluso, en ocasiones, a niños con proceso de esquizofrenia en formación, los cuales son altamente violentos” indica Madrid.
La mayoría de los niños llegan a estas instituciones a edades avanzadas: esto limita, casi por completo, sus posibilidades de ser adoptados en un hogar que prometa ofrecerles un mejor futuro.

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