A pesar de las evidencias científicas y el legado
de Eratóstenes, todavía en la actualidad, hay algunos grupos que sostienen
la creencia en una Tierra plana. Sin embargo, resulta irónico que, en contraste,
durante la Edad Media, la mayoría de intelectuales ya habían abandonado
esa noción, respaldando la idea de una Tierra esférica. El
historiador Javier Traité explica en ‘El Condensador de
Fluzo’ cómo el astrónomo y matemático griego, Eratóstenes de Cirene, averiguó
en el siglo III a. C. que la Tierra no era plana y cómo consiguió calcular su
diámetro.
Eratóstenes y la tierra redonda
Eratóstenes, que vivió en Egipto en el siglo III a.
C., fue el responsable de llevar a cabo un ingenioso experimento que
demostró la esfericidad de la Tierra hace más de 2.000 años. El
astrónomo estaba leyendo un libro donde explicaba que en la ciudad de Siena, lo
que actualmente se conoce como Asuán, había un templo con unas columnas y
un pozo, y que a mediodía del 21 de junio las columnas no daban
sombra y el sol caía directo sobre el pozo. Pero Eratóstenes, que estaba
en Alejandría, comprobó que allí, si ponía una vara clavada en el suelo
el mismo día 21 y a la misma hora, se formaba una sombra
considerable. Si el mundo fuera plano, el mismo día y a la misma hora del
mediodía, la sombra de las columnas tendría que ser exactamente la misma, es
decir, ninguna. Al ver que en un sitio había sombra y en otro no, fue como
concluyó que si los rayos del sol eran paralelos, como indicaba la distancia
entre las dos ciudades, la Tierra debía ser curva. Seguir
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