Nos pensamos que esta propuesta interprete las aspiraciones
de los Pueblos, de sus Gobernantes, de las Entidades internacionales que
intentan conservar la Paz en el mundo, de las Instituciones religiosas tan
interesadas en promover la Paz, de los Movimientos culturales, políticos y
sociales que hacen de la Paz su ideal, de la Juventud, —en quien es más viva la
perspicacia de los nuevos caminos de la civilización, necesariamente orientados
hacia un pacífico desarrollo—, de los hombres sabios que ven cuán necesaria sea
hoy la Paz y al mismo tiempo cuán amenazada.
La proposición de dedicar a la Paz el primer día del año
nuevo no intenta calificarse como exclusivamente nuestra, religiosa, es decir
católica; querría encontrar la adhesión de todos los amigos de la Paz, como si
fuese iniciativa suya propia, y expresarse en formas diversas, correspondientes
al carácter particular de cuantos advierten cuán hermosa e importante es la
armonía de todas las voces en el mundo para la exaltación de este primer bien,
que es la Paz, en el múltiple concierto de la humanidad moderna. Seguir
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