También rendimos
homenaje a quienes conservan la memoria del mundo a través del correo. Por cada
sobre que llegó a su destino y cada marca postal que cuenta un viaje.
Y en este día celebramos también que esta afición es una ventana al mundo como son los sellos. Desde los clásicos "peniques" hasta las emisiones
más modernas, cada pieza es una obra de arte que sobrevive al tiempo.
¡Feliz jornada a todos los que mantienen viva esta pasión
que son todos los coleccionistas y amantes de la historia postal!
En un álbum duerme el mundo
doblado en rectángulos mínimos,
con bordes dentados
como montañas diminutas.
Allí caben países lejanos,
reyes, aves, trenes antiguos,
una luna que ya no existe
y un barco que zarpó hace un siglo.
El filatelista no colecciona papel:
colecciona viajes que no hizo,
cartas que cruzaron tormentas,
besos sellados con tinta y destino.
Sus dedos, pacientes,
son brújulas del tiempo;
cada sello, una ventana,
cada matasellos, un recuerdo.
Escucha historias en silencio:
el susurro de una guerra,
la risa de una fiesta patria,
el temblor de una despedida.
Mientras el mundo corre y olvida,
él rescata lo pequeño,
lo que casi nadie mira,
lo que aún late en los cajones viejos.
Hoy, Día del Filatelista,
levantemos ese atlas secreto,
porque quien guarda sellos
guarda también el mundo entero.
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