Durante el siglo XIX, la Semana Santa de Córdoba sufrió
un período de decadencia, debido a la crisis económica y social que atravesó la
ciudad. Muchas cofradías desaparecieron o se vieron obligadas a suspender sus
procesiones, y los pocos que continuaron con la tradición lo hicieron con
medios muy limitados. Seguir
Silencio de Azahar y Piedra
Bajo el arco de herradura, donde el tiempo se detiene, la tarde de Córdoba viene con aroma a fe pura. Se despierta la Judería, entre muros de cal blanca, y una saeta se arranca rompiendo la profecía.
El Rescatado camina con paso lento y austero, mientras el cielo trianero sobre el Císter se reclinan. Cruje el rastro del incienso por la calleja del Pañuelo, y un suspiro sube al cielo en un misticismo intenso.
Mírala, pasar serena, la Paz de blanco vestida, devolviéndole la vida a la plaza de la arena. Y en la sombra del alcázar, con el alma en la garganta, Córdoba entera levanta su cruz de plata y de azar.
Es la Mezquita un testigo, bosque de mármol y rezo, que guarda el último beso del Dios que busca cobijo. Semana Santa callada, de campana y de antifaz, Córdoba duerme en la paz de su historia enamorada.