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febrero 28, 2017

Alejandro Magno (II)


A lo largo de su vida, Alejandro Magno estuvo relacionado tanto con hombres como con mujeres. En cuanto a sus compañías masculinas, Alejandro permaneció siempre al lado de su fiel compañero Hefestión, hijo de un noble macedonio, Amíntor. Fue el mejor amigo de Alejandro, y uno de los dos hiparcos o lugartenientes de los hetairoi (siendo el otro Clito el Negro), cargo que ocupó hasta su muerte, que sumió a Alejandro en una profunda tristeza. También, mantuvo una estrecha relación con su eunuco Bagoas. En lo que respecta a su relación con mujeres, Alejandro se casó al menos tres veces, primero con la princesa Roxana, hija del sátrapa Oxiartes de Bactria, luego con la princesa Barsine-Estatira, hija del rey Darío III, y después con la princesa Parysatis, hija de del rey Artajerjes III. También mantuvo varias relaciones con otras mujeres, tales como la princesa Barsine, hija del sátrapa Artabazo de Frigia, o la concubina Kampaspe, su primer amor, algunas de las cuales no son confirmadas por la totalidad de las fuentes.

La naturaleza de estas relaciones hace que muchos historiadores cuestionen su sexualidad, posiblemente por no entender el entorno homoerótico de la época, calificando al general macedonio de homosexual (dado que las fuentes informan de su escaso interés por las mujeres, como veremos más adelante), bisexual o heterosexual (afirmando que sus relaciones con hombres eran sólo resultado de la amistad). Seguir


Bucéfalo, su nombre significa en griego Cabeza de buey, apodo que al parecer recibió el animal por el aspecto redondeado de su cara y la considerable anchura de su frente, donde además resplandecía una mancha blanca en forma de estrella. Plinio el Viejo y Pseudo Calístenes dicen, en cambio, que esta mancha representaba precisamente una cabeza de toro y que estaba en su espalda.

Plutarco relata que Bucéfalo fue comprado por trece talentos por el rey Filipo II de Macedonia a un tésalo llamado Filonico. Fue entonces cuando, según narra la leyenda, el caballo comenzó a mostrarse tosco y salvaje, relinchando y lanzando coces por doquier, sin que nadie lograra apaciguar. Sólo el joven Alejandro logró montar al caballo, y se dio cuenta de que el caballo recelaba de su propia sombra. Alejandro giró la cabeza del caballo hacia el sol, cegándole y subiéndose de un solo brinco al caballo, momento que haría pronunciar a su padre la célebre frase: "Hijo, búscate un reino que se iguale a tu grandeza, porque Macedonia es pequeña para ti." Se dice que desde entonces Bucéfalo sólo se dejaba montar por Alejandro. Seguir

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