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agosto 30, 2013

El Espantapájaros generoso

El Espantapájaros, que había estado muy preocupado pensando cómo podía resolver el asunto, les dijo:
- Amigos míos, mal hacéis en venir a amenazarme, pues nadie más que yo se preocupa por el bienestar de vosotros, y al fin he encontrado una solución, pero antes tenéis que ir donde el ratón y rogarle que venga a hablar conmigo, y yo os prometo que mañana tendréis los granos que necesitáis para vivir felices en mi comarca.
 
Todos se fueron llenos de esperanza y comisionaron a la golondrina para que fuera a hablar con el ratón, con quien tenía amistad por vivir ambos en la casa del hombre, y le dijera que el Espantapájaros tenía un asunto muy importante que comunicarle.
 
El ratón llegó por la noche y el Espantapájaros le dijo:
-Te he llamado porque sólo tú puedes sacarme de un gran apuro en que estoy, y es que el hombre me ha dicho que si permito a los pájaros llevarse algunos granos del sembrado, él me echará al fuego; pero sucede que también los pájaros me amenazan con abandonar esta comarca si no los proporciono qué comer, y el hombre verá entonces que mis servicios son inútiles y también me echará al fuego. Quiero que tú vayas al granero del hombre y en el lugar menos visible, hagas un agujero por donde puedan los pájaros, antes que raye el alba y el hombre se levante, aprovisionarse a sus anchas de todos los granos que necesitan, y a cambio de eso, yo te prometo la amistad más firme y servirte de hoy en adelante en todo lo que tú me solicites, aunque para ello sea necesario cualquier sacrificio de mi parte.
 
Al ratón le parecieron buenas las razones y esa misma noche dejó concluido un agujero en una de las esquinas del granero, donde el hombre no podría notarlo por estar a la sombra de unas zarzas tupidas, y en cambio, de mucha facilidad para que los pájaros entraran y salieran en la madrugada, llevando todo el comestible que necesitaran, quedándoles así el resto del día libre para cantar, pasear y regalarse con sabrosos postres de moras y otras frutas que encontraran al azar en el campo.
 
El día siguiente el Espantapájaros les comunicó la buena nueva a las avecillas, que desde entonces vivieron en esa comarca sin mayores dificultades; el hombre continuó sus labores muy satisfecho de recoger íntegramente sus cosechas; y el Espantapájaros vivió también feliz, enriqueciendo su sabiduría con el canto de los pájaros y la lección de las estrellas.

Fernando Luján

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